
“A mi tierra siempre rota. Repartida a ambos lados del mar.” Este es el último de los agradecimientos con el que la autora cierra su libro. Una breve frase que recoge todo el dolor de su tierra natal, una Venezuela dolorida.
Karina Sainz Borgo compone una magnífica novela, con los mimbres de la violencia, el crimen organizado desde los poderes públicos, el desabastecimiento de alimentos, medicinas y de lo más elemental. Pero con la elegancia inteligente de extrapolar la injusticia sin quedarse en la mera denuncia de un régimen político determinado. Los escasos nombres de la novela son los de personas cercanas a la protagonista. Evita las alusiones personales a los políticos del momento, sin arremeter contra ellos. Hubiera sido demasiado fácil.
La hija de la española plasma tanto dolor y tanta violencia. Pero esos registros allanando viviendas, esas palizas humillantes, esos terribles calabozos son similares a los de otros regímenes represivos. La autora explica que se trata de una ficción escrita “con una vocación literaria, no testimonial”.
En primera persona, la novela es el relato de Adelaida Falcón, unas veces en tono velado, otras encendido o con cierta amargura ante tanta injusticia. Un relato que arranca en el cementerio donde acaban de enterrar s su madre. A partir de ahí hilvana su propia historia, con idas y vueltas en el tiempo, desde la niñez a su época de estudiante, sus primeros trabajos y la época de mayor dureza económica con una creciente violencia en las calles y que termina por dejarla sin casa. Uno de los últimos capítulos recoge el soliloquio de Adelaida ante la tumba de su madre. Un soliloquio enormemente sincero y a veces descarnado.

La hija de la española
Karina Sainz Borgo
Debolsillo. 224 págs. 10,95 €.

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